Temporalidad:

(Los números que aparecen tras el nombre del autor, en los pocos casos de referencias en estos comentarios, corresponden: hasta el punto, al código de la obra (ver en el corpus) y después del punto, al número de parágrafo de la obra.

Respecto de qué términos podría poner bajo un posible encabezamiento llamado “temporalidad”: estudiar los distintos modos de uso de algunas palabras intuitivamente elegidas y el resultado permitirá entonces decidir.

Sin embargo, no puedo evitar algunos comentarios sueltos, después de haber leído, en este espíritu de búsqueda y para nada ordenado, los primeros textos del corpus:

Hay términos que se refieren a un tiempo determinado o que la arqueología considera como hito: CUATERNARIO, MIOCENO, PLIOCENO, TERCIARIO, etc. Su uso es específico y no presenta más problemas que los gramaticales de separar adjetivos de adverbios y sustantivos y decidir si puede hablarse del uso de alguno de ellos como sustantivo (por ej., los MODERNOS, los CONTEMPORÁNEOS, los PRIMITIVOS, etc.) o que los vinculados a las estrategias de la investigación (como por ejemplo, si la eventual definición de un adjetivo aporta o no a este particular estudio).

Están los que marcan extremos dentro de lo que se considera en general como transcurso temporal: por ej., AYER, HOY, para los que no encontré un uso que justifique su consideración como significativos para algún texto arqueológico; pero también, PRINCIPIO, COMIENZOS DE, FINES DE, etc., de presencia masiva y en algún caso interesante. Referido a algún elemento que el autor determine, sería interesante, por ejemplo, ver el uso de ORIGEN (el del hombre americano, por ejemplo).

Los que marcan, en cambio, lo que se extiende entre tales (u otros) extremos: DURANTE, A LO LARGO DE, etc., o bien, los que muestran el tramo que se avanza hacia uno u otro lado, desde algún extremo: HASTA, DESDE y otros. ¿Qué tiempos marcan en la mente del autor en cuestión?

Otros tramos que se recortan en los textos del corpus pueden ser considerados de interés arqueológico especial, porque se refieren a un transcurso que los autores señalan como plenos de contenido (y también de compromiso emocional a veces): EVOLUCIÓN, GENEALOGÍA, etc.

Otros más pueden dejarse en un paquete que amerita mayor atención, al ser más abstractos y prestarse quizás a una redefinición dentro de distintas clases (por ej., TIEMPO, PASADO, PERÍODO, ÉPOCA, EDAD, etc.). El propio autor, en distintos casos, puede que se esfuerce, explícitamente, en ofrecer una definición o ir aportando elementos para que en algún momento se pueda llegar a ella*.

Hay sustantivos que tienen usos específicamente arqueológicos: ANTIGÜEDAD, ANTIGUALLA, RESTO, etc.

Hay otros, que son específicos de las clases gramaticales o, quizá, del imaginario temporal: FUTURO, PASADO…

Puede que hayan quedado fuera algunos términos; seguramente esta clasificación es tan provisoria como obvia.

Y en muchos de estos casos, los usos de los usos:

DURANTE, en estos textos, se ha usado para hablar del transcurso pleno de sentido arqueológico, de eras geológicas en las que se formaban suelos, surgían y se extinguían hombres, animales y vegetales, se sumergían y emergían tierras, en la medida en que estos eventos dejaron sus huellas sobre aquello de lo que el investigador puede hablar hoy. Se ha usado con referencia a ciertos tiempos culturalmente definidos, según se sabe por textos anteriores o lo asegura el autor en función de su propio estudio; pero también se habla de los tiempos del investigador (sus viajes, sus encuentros, sus hallazgos, sus fracasos, experiencias y sus opciones académicas, pero también sus emociones), al igual que de los tiempos de aquellos que lo precedieron en diversos estudios mencionados por él (cronistas, viajeros, etc.). Y, asimismo, de tiempos etnográficos plenos de acciones y de formas (los rituales que transcurren, los peinados que se conservan); de los tiempos menos próximos a lo antropológico, del clima y sus efectos en la naturaleza, etc. etc. Se habla también de tiempos y transcursos de personas particulares, que el autor siente la necesidad de mencionar, pero no son tiempos que aporten a la arqueología, ni a la etnografía, ni siquiera a una licencia poética. Y así pasa con DURANTE como con otras palabras, y esta multiplicidad de dimensiones en el uso lleva a la necesidad de extremar el cuidado en esta investigación para evitar una caída en la inercia del sentido común; a la necesidad de definir estrategias que muestren los caminos del razonamiento seguido por estos autores mediante metodologías cuyos criterios sean explícitos y permitan replicar el estudio.

Interesa también el uso de PRIMER (primero o primera), porque hay varias clases de tiempo relacionadas con este término:

-el tiempo largo de la historia o prehistoria: los primeros patagones, los primeros descubridores, los primeros cronistas, etc. ¿Qué se quiere decir de ellos?

-el tiempo mediano de las generaciones próximas o semejantes: el primer arqueólogo que describió…, el primer viajero que halló la urna, etc. Referencias aún demasiado próximas para la época que estamos viendo; allí están, algunos aún trabajando.

-el tiempo más corto, seguramente presencial y ya académico, de las experiencias propias o ajenas: la primera vez que Ameghino menciona…, nuestro primer análisis del objeto, etc.;

-el tiempo inmediato de la experiencia personal, en general, visual: a primera vista, podría creerse que…, etc.

-otros tiempos distintos son los de las acciones y sus efectos (el primer golpe desprende…), al igual que el de las técnicas o funciones atribuidas a los hallazgos (el primer uso que le dieron…, los primeros golpes dados al canto…, etc.)

-y aún otros usos, que no voy a tomar en consideración aquí y que tienen que ver con: la construcción de tipologías, clasificaciones u ordenamientos del autor, que pueden ser tanto las estrategias para desarrollar su texto, como su informe acerca de las opciones que siguió el organizar sus materiales; los tiempos cortos de los rituales y las vidas humanas de poblaciones que el autor describe (el primer parto, su primer guanaco, etc.) o de la fauna y la flora (los primeros frutos, etc.); los que se vinculan a la presentación de ciertos aspectos del paisaje que va recorriendo o describiendo el autor (los primeros cerros, por ejemplo); los de su propio metadiscurso (primero, es necesario aclarar que…, etc.)

Hay una dimensión de este trabajo, el mío, para el que no es el término lo que importa registrar o definir, ni tampoco su contenido en cada caso (y no es que esto carezca de interés, ya que sería el material para un diccionario), sino que hay alrededor de cada término, un contexto, que no es simplemente el material, el concreto, de donde con ciertas estrategias explícitas el analista puede proponer una definición implícita sin más objetivo que este mismo: mostrar cómo definió el autor el término en cuestión. Hay algo más, que es la posibilidad de tomar los contextos mínimos que puedan considerarse como de significación arqueológica y ver la clase de relaciones que el autor generó con ellos. Un ejemplo claro sería éste de los distintos tiempos.

RESTO se relaciona con temporalidad cuando está usado para indicar que aquello a lo que se aplica es remanente de algún pasado (un resto lítico, restos de viviendas, etc.). Pero cuando se lo utiliza para aludir a una parte de un objeto o de un conjunto de ellos (el resto de la figura, por ejemplo), tiene un matiz espacial. Creo que este último uso quedará para otro momento del estudio, quizá cuando trate lo espacial, las formas, los recorridos, las superficies, las partes. Por otro lado, e independientemente de esta exclusión (ya que de otro modo estaría prejuzgando), me interesa señalar que el primero de estos usos es muy habitual en los textos arqueológicos de todo tiempo porque forma parte de la terminología que podríamos considerar específica de esta ciencia (que registra, por ejemplo, mi Diccionario de lítico), mientras que el segundo, remite más bien, aunque quizá no en todas sus presencias, al hablar cotidiano.

FECHA/FECHADO/FECHAR: se emplea en la mayor parte de los casos para hablar del presente del autor (cartas fechadas tal día, etc.); también, con referencia a la fundación de las antiguas ciudades (Por ejemplo, en Lafone) y Ameghino usa el término cuando hace la narración de los acontecimientos en los que quiere fundamentar su hipótesis de la antigüedad del hombre. No tomo en cuenta estos usos, en el último de los casos mencionados, porque no considero productivo para este estudio incluir aquellas presencias de términos en que éstos aparecen en contextos que no son pertinentes a un registro arqueológico de ellos (como por ejemplo, cuando la relación es con naves hundidas en las costas de Islandia en el año 972 o con princesas asesinadas en Huitramanaland).

De los usos más propios del habla cotidiana, sí considero los casos en que el autor lo emplea como “hasta hoy” para referirse al quehacer arqueológico de su propio presente (el ejemplar más grande recogido hasta la fecha…) y cuando la fecha marca algún momento en el desarrollo de los acontecimientos que podemos vincular con el afianzamiento de esta ciencia (por ejemplo, cuando Ameghino dice que en 1874 (“en esta fecha”) se tuvieron noticias de ciertos restos que desencadenaron exploraciones posteriores fructíferas).

Pero los empleos más habituales del término en arqueología son los que implican tiempos más largos, dataciones y, en este sentido, en los textos más recientes se suele emplear el verbo sustantivado FECHADO, que en los textos de este corpus, al menos hasta 1930, no se emplea en absoluto. El sentido más próximo a éste, podría ser el del (¿neologismo?) DATA, usado por Ambrosetti en una oportunidad: “Por las FECHAS que varias veces se ven en el texto su data debe ser entre …” (25.1463).

INFERIOR: su empleo más específico es sin duda como cualidad (por su carácter de adjetivo) temporal, ya que diferencia una de las dos o tres divisiones de distintas periodizaciones (por ejemplo, paleolítico inferior/superior o neolítico inferior/intermedio/superior, etc.) y por lo tanto, es arbitrario, dependiente del consenso en los distintos momentos de la ciencia, respecto de la conceptualización de los tiempos de contenido arqueológico. Pero cuando se vincula con rasgos espaciales (como por ejemplo cuando se habla de la parte inferior de un depósito), esta relación se anuda con lo temporal. Lo inferior es siempre lo más antiguo, al menos desde Hutton y Lyell en adelante (las capas inferiores o los niveles inferiores representan los momentos más antiguos en las clasificaciones geológicas) y esta posición espacial es observable y la descripción de su contenido, en cuanto anclaje temporal, es necesaria. El pampeano inferior (tal como lo presenta Ameghino), por ejemplo, es una clase estratigráfica que tiene su correlato visual describible: se encuentra en determinada posición relativa al resto de la serie de estratos o capas, en ella, en cuanto capa concreta con determinado contenido, aparecen restos de determinadas especies animales y vegetales, y se caracteriza por determinada forma de presentarse el depósito, etc.

Los empleos no tan específicos son diversos y recorren un continuum que va desde su aplicación a partes anatómicas (miembros inferiores, maxilar inferior), pasando por rasgos geomorfológicos (curso inferior de un río), socioeconómicos (posición social inferior), psicológicos (condición psíquica inferior), culturales (relativo: pueblo de cultura inferior a otro; absoluto: estado inferior de cultura)**, hasta el más corriente, de señalar meramente una localización en lo que sea (la parte inferior de un puco, o de un edificio, o de un bordado, de un objeto lítico…). No voy a tomar en cuenta estas presencias en este tramo, más allá de estos comentarios, porque no creo que aporten a un análisis cognitivo de lo dicho por los autores en relación a la temporalidad en arqueología.

Hay por lo menos dos problemas con lo anterior:

1) por qué le atribuyo temporalidad al uso del término cuando se lo emplea en relación con rasgos físicos, visuales, como por ejemplo, capa inferior, piso inferior, nivel inferior, etc. En la medida en que capa, piso y nivel sean perceptuales, la indicación de cuál es la parte a tener en cuenta o a observar (inferior o superior), es de carácter espacial. La temporalidad se vería, en todo caso, al estudiar la relación de esos sustantivos con las periodizaciones que se elaboran a partir de la descripción de los aspectos visuales de los mismos. Pero no: la temporalidad se la atribuye el autor en cuestión; no hay otra posiblidad.

2) respecto de la diferencia entre el uso de INFERIOR que considero específico y el que no parece serlo, conviene tener presente que tanto en lo temporal como en lo espacial, no hace más que señalar una posición en el tiempo (como en el caso de paleolítico inferior) o una posición en el tiempo/espacio (como en el pampeano inferior) o una posición en el mero espacio (como en el caso de una capa inferior en una serie de capas) de aquel sustantivo al que se aplica o relativamente a él, lo cual quizá insinúe la tentación de dejarlo de lado. Pero hay otra opción mejor, que es la de analizar todas sus presencias en el corpus, exhaustivamente, antes de tomar ninguna decisión, ya que tal análisis mostrará cuál es el camino más fructífero. Otra vez, el autor lo resuelve.

SUPERIOR: Ver el razonamiento para INFERIOR.

TRANSICIÓN: Por un lado, en un empleo más bien abstracto, hay una cierta y no determinada extensión de tiempo (período de transición) que transcurre entre el pico o máxima realización de los elementos que definen un estado de cosas (por ejemplo, el achelense) y su terminación, al haberse producido el cambio hacia algo distinto. Esta extensión (período de transición chelleo-musteriense o últimas facies del achelense, en el concepto de Outes) se caracteriza por el debilitamiento progresivo del anterior estado de cosas, hasta que ya no puede aplicarse la definición; otro ejemplo, sería la paulatina transición protoneolítica, de Outes). Sería una transición más cerca de lo simbólico, abstracto.

Otros usos: la transición entre dos formaciones bien definidas, es insensible. Es decir, se trata de la inferencia, por parte del investigador, de la relación temporal sucesiva de dos elementos, quizá en un cambio brusco (otra vez Outes, que encuentra esta clase de transición tanto en formaciones como en láminas).

Pero también se habla de elementos de transición, cuando los rasgos de un objeto permiten integrarlo a los puntos límites de un desarrollo como el mencionado en el primer caso de este término (Ambrosetti se refiere a una urna, que considera de transición por la clase de representaciones que presenta, ya que muestran el paso de una imaginería fantástica a la más animal (sic), al mostrar elementos de ambos). Sería una transición icónica.

Por último, hay elementos también concretos, observables, que constituyen, en sí, y sin más, una transición entre otros dos, igualmente concretos y observables: la marga, que constituye la transición de la arcilla calcárea al estado de toba (Ameghino). Evaluado en el terreno, sería una transición indicial.

HUELLA: Es un símbolo de la pisada del avestruz (o surí mítico, representada en la alfarería calchaquí). Y el término tiene también un uso metafórico (como aquello que deja un investigador para que otros la sigan; la metáfora del camino ya abierto y transitado) y hasta una licencia poética o no tanto, a cargo de Lafone (los árboles, como el hombre, necesitan el agua, pero a diferencia de éste, no pueden manipularla).

En otros usos, constituye una inferencia.

De antiguos cultos, a partir de ciertas figuras en los petroglifos.

De la existencia en el pasado, de invasiones y migraciones, por tierras cuya disponibilidad en el pasado, aludida por el autor, ha de probarse, al igual que ciertas similitudes de rasgos culturales; etc.

De la presencia muy antigua del hombre en América, que dejó armas e instrumentos como prueba, o menos antigua, con sus civilizaciones que dejaron monumentos y otros rasgos. También, de la existencia de canales de riego, agricultura (quedan como prueba las tierras despojadas de piedras y restos de viviendas), viviendas (queda el trazado de las paredes), cementerios (quedan de ellos algunas sepulturas), caminos y sendas (de los que quedan las marcas, en los valles y laderas o apenas en la memoria documental de cronistas y viajeros).

De que hubo un golpe dado sobre un objeto lítico con otro (huella del golpe (dado y recibido) que desprende materia (diferencial) de ambos) y de que algo se desprendió del objeto (huella del desprendimiento) como resultado de tal golpe; de que se trabajó con un objeto lítico intensamente (en este caso no es golpe, sino alisamiento: la superficie se vuelve tersa).

De que se removió la tierra (o la ausencia de tal intervención) o de que se profanaron montículos que ocultaban enterratorios patagónicos.

Es la impronta de la pisada humana en ciertas rocas (o en la arena) cuya presencia, por lo tanto, permitiría inferir el paso de algún ser humano sobre ellas (Ameghino)

El orden anterior podría estar mostrando una gradación que va desde un uso simbólico o metafórico (como cuando Lafone dice que los algarrobos blancos siguen la huella del hombre, porque siguen el agua) o inferencial, hasta la referencia o señalamiento a elementos directamente observables (como la impronta del pie humano en la arena, o en la roca, aún cuando esta última relación esté negada por Ameghino).

TRAZA: Tiene el mismo uso que HUELLA cuando se usa para inferir el trabajo realizado sobre o por, un objeto lítico, por una alabarda, por alfarería. Para inferir adorno (líneas) en la piedra y la antigua presencia de canales de riego. Descarto su uso como sinónimo de trazado (de la ciudad, de una figura), dejándolo para otra etapa del trabajo.

VESTIGIO: Hay una diferencia entre el uso de HUELLA, tal como se ve más arriba, y el de VESTIGIO, aún cuando ambos puedan considerarse dentro del mismo campo semántico. (En Moliner, el uso de HUELLA, RASTRO, RESTO, VESTIGIO en cuanto residuo o remanente, son sinónimos, dentro del campo semántico de HUELLA. Vestigio en latín es planta del pie, y su impronta. No así TRAZA, que en ningún uso se relacionaría con el conjunto anterior, sino con el verbo trazar o tiene otros matices ajenos a lo que estoy tratando de ver)

Queda aún, para el final de este conjunto de términos, considerar cuáles de entre ellos tienen realmente el matiz temporal buscado. Huella, traza, resto, transportan el sentido de algo que queda cuando ese algo ya no es más el todo: algo se fué y algo queda. En mi interpretación, y considerando estos contextos que estoy analizando, hay entre lo que quedó y lo que podemos imaginar como el todo del que era parte, una relación específicamente temporal, además de la inferencia. ***

 

* Todos los autores de esta primera parte del corpus, entrañables ancestros de la arqueología argentina (a pesar de todo, a pesar de sus supuestas traiciones, a pesar de la calidad de héroe local de alguno de ellos, que trabajó desde afuera, aunque mirando hacia este adentro), saben que están proponiendo los primeros conocimientos en estos textos de arqueología, y saben que serán posiblemente efímeros, posiblemente incompletos, posiblemente pronto superados; lo saben y no dejan de decirlo. Tienen, sin duda, la conciencia de que están generando un campo de estudio que será pasto de los que los sucedan, quienes, es de esperar, van a aprovechar o rechazar y superar, a afianzar y enriquecer o a revisar todo o parte, de lo que ellos, desde la aventura en la que se embarcaron, produjeron para ponerlo a disposición del futuro. Algunos de ellos, se esfuerzan no simplemente por ofrecer una que otra definición, dentro de lo posible, sino, como por ejemplo, el caso de Outes (12.351), parecieran sentirse como en el pasado carente de recursos de ese futuro que sí los tendrá a fin de ir refinando los usos explícitamente definidos de los términos que emplee.

** En ambos casos, Ambrosetti (26.888 y 26.889)

*** Más allá de la duda que me embarga sobre la manera de inferir que un territorio que alguna vez estuvo en algún lugar, ha sido reemplazado por otra cosa (el océano Atlántico, en el caso del ejemplo, que es, claro, de Ameghino). Lo que uno tiene que inferir, en realidad, es que eso que está allí ahora, en algún tiempo no estuvo.

Bibliografía del corpus (provisional)

INICIO